martes, 14 de marzo de 2017

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Resultados de la

 I edición del Concurso de microrelatos "La Redonda te cuenta"




FINALISTAS
Romeo sin Julieta, de Ángel Domínguez
Autopsia, de Pablo Escobedo
Ofelia, de Eloína Calvete
Dramatis personae, de Sergio Haro
Función solidaria, de Héctor Olivera
Un buen final para Falstaff, de Alberto Palacios

Los 6 relatos finalistas serán representados, y uno de ellos será declarado ganador del concurso en la gala de entrega de premios del próximo 25 de marzo. 



RELATOS SELECCIONADOS PARA LA EDICIÓN IMPRESA
Nana Mojada, de Marta Adán
La espera, de Karen Amorrortu
La burocracia se sirve fría, de Diego Asenjo
La protesta de Julieta, de Diego Asenjo
Código Puck, de Miguel Ángel Beltrán
Tragedia de una noche de verano, de Ignacio Borraz
Ser o no ser, de Fernando da Casa
Los invitados, de Gloria López
Conversación entre bastidores, de Ana Belén Martínez
Quince abriles, de Edita Nogueira
Natural por origen, de Marcos Pelosso
Miércoles de ceniza, de Juancho Plaza
Testamento, de Antonio Polo
Venus y Adonis, todo un poema, de Alejandro Pozo
Laurence, de Cris Puertas
Shakespeare de Miera, de Jesús Redondo Lavín
La pesadilla de Macbeth, de Susana Revuelta
El mono mecanógrafo, de Placido Romero
Elogio de admiración mutua, de Carmen Ruiz
Cuenta de resultados, de Ángel Sáiz
Manual para un suicida, de Luis San José
Macbéth, de Tamara Suárez
Puro teatro, de Ana Isabel velasco
Lo que tu amigo Yorick te cuenta, de Manuel Velasco

Todos los relatos seleccionados recibirán dos ejemplares de la edición impresa.


martes, 31 de enero de 2017

El telón se ha cerrado de momento
Gracias por vuestras propuestas
Y hasta muy pronto

134 - TELEGRAMA DE FORTIMBRÁS, de Pablo Escobedo


Querida madre. Stop. Punto. No te lo vas a creer. Stop. Punto. Hemos ganao.Stop. Punto.

133 - LA ESPERA, de Karen Amorrortu

-Bendita tú- le dijo- que eres como una balsa subterránea- No hubo más locuacidad, se sonrojó, y se diluyó en el agua mansa.
La sirena quedó sola al pie del alga sinuosa, el pez era escurridizo, las escamas verde oro se deshacían entre sus dedos,
-Te quiero porque me abandonas- dijo ella, mientras meditaba si sería cierto.
Por eso se quedó en el fondo del arroyo.

132 - PEOR EL REMEDIO QUE LA ENFERMEDAD, de Virtudes Torres

Otelo dormitaba en la hamaca. Tenía los ojos entornados, pero no perdía prenda de lo que pasaba alrededor. En la casa de al lado las niñas jugaban a la comba riendo y cantando, pero él solo veía a Julieta que parecía triste sentada en una silla de enea junto al arbusto de camelias blancas. Llevaba así varios días. Pensó en invitarla a pasear por el puerto para ver los barcos que volvían cargados de pescado; recordó que antes eso le gustaba.
Un coche paró en la puerta de la casa de al lado. De él bajó una señora con un gato de pelo negro azulado. Con paso firme el minino se acercó hasta la silla donde se encontraba Julieta. Esta al verlo de un salto bajó a reunirse con él. Los ronroneos no tardaron en oírse. A Julieta pareció que le habían inyectado una dosis de energía. Ambos accedieron al tejado y allí a la sombra de la chimenea dieron rienda suelta a su amor.
Otelo muerto de celos optó por largarse al callejón de los bares y apurar todas las latas de cerveza de los contenedores. Gran error, pues beodo ve Julietas y Romeos por todas partes

131 - EL HIJO PRÓDIGO, de Francisco Javier Pintor

Hacía tres meses que no podía conciliar el sueño. Una llamada telefónica le había devuelto a la realidad de la que creyó escapar con un huida a ninguna parte. Su padre había fallecido. Desde ese instante una imagen retenida le instaba a volver al lugar de su infancia. La voz del fallecido era la constante de sus noches. Y regresó, el regreso del hijo pródigo. Para recibir la herencia que le correspondía, la tristeza de su padre, para coincidir de nuevo con la madre que nunca les quiso, y con sus amantes, que sembraron la discordia que acabaría con los huesos de su padre en la tumba.
Y la voz, esa voz que clamaba venganza, que llenaba de sangre sus pupilas, que envenenaba las palabras que dirigía a todos los que conocieron a su padre y se sometieron a su madre. Y la duda, el sentimiento de culpa, de abandono, la lucha contra los fantasmas que atenazaron a su padre, y ahora a él.
Y la renuncia a cualquier acto. Se sentía más unido a su padre que nunca. Y su voz le acompañó mientras ingería las pastillas que le conducirían junto a su mentor. Sin dudas.

130 - MENAGE À TROIS, de Asunción Buendía

Viola no podía estar más contenta, sonreían sus ojos, sonreían sus labios y hasta su pelo sonreía. Por casualidad había escuchado un fragmento de conversación de su jefe.
— Si, es perfecta. Fue un acierto elegirla a ella. Es el destino…hoy se lo diré.
Viola desde que lo vio por primera vez en la entrevista de trabajo, siente algo por él que no es “simple y puro respeto”, como quiere hacerse creer. Ahora ya no tiene nada que temer. El señor Orsino lo ha dicho, es el destino.
La flacucha, pero eficaz Olivia, le hace señas para ir a desayunar. Viola siente por ella sincera pena, es tan feilla, tan poca cosa. Por eso siempre le muestra su cariño y Olivia se transforma de puro contento. Como un perrillo chico, cuando el amo le hace fiestas, aunque la realidad es que el corazón de la “flacucha” palpita por y para Viola.
Cuando las dos muchachas salen a tomar su café, el señor Orsino se acerca con sonrisa bobalicona, a Viola le hacen los ojos chiribitas y se adelanta a su encuentro, él ignorándola, la rebasa y visiblemente embelesado invita a “un desayuno especial y con sorpresa” a una petrificada Olivia.

129 - LAURENCE, de Cristina Martínez

1955. Despacho de un conocido productor cinematográfico. En aras de su anonimato, se le llamará "Productor".
Sentado frente a él, un reputado actor. Su nombre en clave será Laurence Aceitunier.

Laurence.- Tengo una idea.
Productor.- (Suspira)
Laurence.- Una idea muy buena.
Productor.- Larry...
Laurence.- No, escúchame. Va a ser un éxito.
Productor.- Te escucho.
Laurence.- Shakespeare.
Productor. - Joder.
Laurence.- Shakespeare en pantalla grande.
Productor. -No.
Laurence. - A todo el mundo le gusta Shakespeare.
Productor.- Shakespeare no le gusta a nadie.
Laurence.- Déjame crear.
Productor. Joder.
Laurence. No me coartes.
Productor.- Vete a crear a tu casa. Aquí estamos para ganar dinero. Y el dinero está en los musicales.
Laurence.- Ya.
Productor. - Gente bailando. Ropa rosa. Cosas que brillan. Esa onda.
Laurence.- Los musicales son mentira.
Productor.- Y hablar en verso delante de una cámara es verdad. No me jodas, Larry.
Laurence.- Podemos hacerla colorida.
Productor.- Colorida.
Laurence. Sí. Con pelucas.
Productor.- Pelucas, ¿eh?
Laurence.- Sí. Pelucas. Ropa que brille . Y cortinas fucsias.
Productor.- ¿Y... mallas apretadas?
Laurence.- No. Mallas apretadas no.
Productor.- Venga.
Laurence.- Que no.
Productor.- Pues persecuciones de coches.Y explosiones. ¡Y tetas!
Laurence.- (Suspira) Las mallas apretadas... ¿De qué color?

El Productor sonríe. Laurence Aceitunier traga saliva.
Oscuro.

128 - MIS ESTRELLAS, de Mª José Alonso

Casi sin proponer fue mera casualidad, quiero pensar que el caprichoso destino hace que las personas se crucen por nuestro camino.
Era mi sueño, una aventura a la cual me correspondiste.
Tumbados en la noche ante tan gran e inmenso cielo lleno de estrellas, casi las tocamos, oímos el silencio de las montañas, fue hermoso.
Qué poder tiene la naturaleza, bebimos de esa agua que manaba airosa y caprichosa por las entrañas de esa ladera.
Comenzó una sensación que me iba abrazando y me acunó durante nuestro camino.
Quise averiguar el porqué de un cambio hacia tu ser. Pasaron los días y esa dulzura me cautivó, quizá mi devoción fue apresurada.
Presuntuosa y obstinada de conseguir el amor que nunca me diste, sin reproches, con humildad y sin rencor, se fue mi ángel, tan solo quedaran recuerdos que poco a poco el tiempo los harán desvanecer.
Con un intenso dolor, derrotada, te dejo partir.
Aún mi oído no deja que se marchen tus dulces y temblorosas palabras de halagos y el consuelo que me ofreciste.
Eché un pulso del cuál no salí victoriosa, mi hiel se cristaliza cada día, en cada instante que te pienso.

127 - EL MONO MECANÓGRAFO, de Plácido Romero

En el intento número 345.678.908.567.003.456, el mono mecanógrafo había terminado ya de escribir las comedias y dramas históricos de Shakespeare y había comenzado con las tragedias. Los científicos que supervisaban el experimento (la enésima generación de científicos) estaban entusiasmados. Pensaban que ese mono lo conseguiría. Ya imaginaban los artículos que escribirían, los libros que publicarían, los congresos y conferencias a los que asistirían. Sin embargo, cuando el mono estaba mecanografiando Coriolano, cometió un error en la escena segunda del acto tercero. Volumnia, en vez de decir: ‘Do your will’, decía: ‘Do your wish’.
El mono tuvo que empezar de nuevo.

126 - ERROR EN LA PROGRAMACIÓN, de Julián Sánchez

Macbeth trata de huir de las tres brujas, de su esposa, esconderse del viejo espectro, de los sirvientes del rey, ignorar a Banquo, a Duncan, a sus hijos, pero no puede, por lo que decide asesinarlos a todos.
Aún así, al rato, se los vuelve a encontrar, una vez reparados, sin que él lo sepa, y comprende que es cosa del destino y no del azar optando por suicidarse. Dados los hechos el parque temático cierra sus puertas mientras se averigua el fallo en el robot y se exigen responsabilidades a los técnicos con un fulminante despido al responsable y una escueta nota de prensa prometiendo devolver el dinero al público inmerso en una grave decepción. Durante el tiempo de cierre,, Macbeth sufre una fuerte depresión que ningún técnico puede reparar y se dan cuenta que están ante una nueva tragedia para el personaje. Otra más.

125 - PELLEJO, de Joan Lluis Sagués

Las botas, con el anagrama de la casa de Tiro, son la prueba de quien soy. Botas que me han acompañado en el desahucio, el puerto, el naufragio. Botas el día mi boda y su pérdida. Piel de cocodrilo que cede al pie que cede y llena el cajón y recorre, en la resurrección, el ciclo de la muerte, la prostitución, el olvido, la sangre. Piel que surca la frontera en una camioneta Ford destartalada. Pie que despierta el sueño, el éxodo de mi historia, la recuperación del esposo, del trono, del padre.
Con ellas demuestro, las botas, ante ti, Marina que soy tu padre, aunque sigo sin saber de quien somos hijos.
Ambos.